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Seminario Internacional | Nuevos desafíos para la gobernanza económica.

En el marco del proyecto “Hacia una nueva Europa”, el Centro de Excelencia Jean Monnet, con la colaboración de la Universidad Nacional Tres de Febrero (UNTREF) organizó, los días 22 y 23 de abril de 2013, el seminario internacional “A veinte años del Tratado de Maastricht: nuevos desafíos para la gobernanza económica”.

RESEÑA

Lunes 22 de abril – Universidad de Bologna, representación en la República Argentina

El embajador Alfonso Díez Torres abrió la jornada del 22 de abril destacando la importancia del aporte de los intelectuales al debate contemporáneo sobre el origen de la crisis económica mundial así como también la necesidad de difundir el conocimiento de todos los desarrollos contemporáneos de la Unión Europea (UE). En la misma línea, la directora del Centro de Excelencia Jean Monnet, Lorenza Sebesta, hizo hincapié en la importancia del diálogo y de la comparación entre Europa y América Latina para comprender lo que está sucediendo en este momento así como también para discutir las medidas puestas en marcha por la UE, que son muy similares a aquellas adoptadas por los países de América Latina durante la crisis de la deuda de los años ’80 (aunque aquellas crisis tuviesen raíces distintas y fuese otro el contexto internacional). Luego, la directora presentó el programa de actividades, excusando a dos de sus participantes, quienes no pudieron participar (Alessandro Somma, profesor de la universidad de Ferrara, y Martín Abeles, funcionario de la CEPAL en Buenos Aires).

Marcos Costa Lima ofreció la primera ponencia hablando de las diferentes miradas sobre la actual globalización. A pesar acordar con aquello que Susan Strange, en un famoso libro, definió como The retreat of the state (El retiro del estado), haciendo referencia a las limitaciones que encuentran los estados en muchas de sus manifestaciones de poder, Costa Lima puso en claro que no hay certeza sobre las causas de dicha debilidad. En particular, hizo hincapié en las causas internas, que tienen que ver con las debilidades del estado (James O’Connor), y las causas externas, que tienen que ver más bien con fenómenos tales como la ‘financiarización’ y, más precisamente, la globalización del capital y la consolidación de los regímenes de acumulación accionaria (François Chesnais).

Franklin Serrano se refirió la visión de la economía dominante como un regreso a lo que Marx definía como la ‘economía vulgar’, es decir una economía que no se basa en teorías verificables a partir de datos empíricos, sino más bien a un conjunto de definiciones cuyo principal objetivo es fundamentar el orden capitalista vigente. Hizo también hincapié en la diferencia fundamental entre visiones y objetivos detrás de la teoría liberal clásica y de las heterodoxas. A propósito de la primera, hizo mención a la definición de Lionel Robbins de la economía como ciencia que estudia la conducta humana como relación entre medios susceptibles de empleos alternativos y fines, en situación de recursos escasos. En lo que se refiere a las segundas, recordó la insistencia de Keynes sobre la inestabilidad financiera del capitalismo y aquella de Sraffa sobre la incapacidad del mercado para resolver el tema de la ocupación, ya que, aun en presencia de un mercado ‘perfecto’, siembre habrá desempleo. Al final de su presentación, presentó dos versiones contrapuestas sobre las causas de la crisis, subrayando la subjetividad de sus puntos de partida.

Tomás Varnagy hizo un recorrido desencantando del desarrollo del régimen de socialismo de estado en la Unión Soviética y sus países limítrofes. Hizo hincapié en el afán por parte del régimen soviético de mitificar su propia realidad –en efecto fue esta mitificación, más que la realidad subyacente, lo que funcionó como desafío a ‘Occidente’, empujando a sus gobiernos a realizar importantes avances en el terreno social y económico. Hizo referencia a los muchos chistes en circulación a lo largo de la historia de la Unión Soviética para subrayar la falta de libertad, la traición de la ideología socialista por parte del régimen y, en los últimos años, los fracasos económicos.

Inés Ayala Sender, diputada del Parlamento Europeo, trazó un cuadro sombrío del momento que está viviendo Europa, con un llamado de atención sobre el peligro de retroceso en lo que respecta a la integración. Relató luego el papel que juega el Parlamento en los intentos para contrarrestar esta situación de estancamiento a nivel europeo, a la cual corresponden retrocesos sociales y económicos y el resurgimiento de fenómenos de racismo a nivel político. Hizo hincapié, especialmente, en la actuación del Parlamento en el marco de la aprobación del presupuesto plurianual.

Waldo Ansaldi, al abrir el debate, caracterizó la actual integración europea como una integración desde arriba, y el discurso de dicha integración como liberal antidemocrático. Llamó la atención sobre el hecho de que las políticas liberales no tienen, de por sí, un carácter antidemocrático, sino que lo fueron asumiendo a través de los años, como recuerda McPherson, a partir de un cambio de equilibrios entre clases sociales.

Se abrió así una discusión en la que surgieron ulteriores pistas de análisis y motivos de reflexión, además de plantearse claramente convergencias sobre algunos elementos que caracterizan la actual situación europea: concentración de ingresos, tensiones entre Alemania y los países europeos sometidos a políticas de austeridad y la importancia de no demonizar a Alemania, el papel crucial de la articulación bancos/multinacionales en la nueva arquitectura financiera, así como también el origen estadounidense de la crisis.

 

Martes 23 de abril – Universidad de Bologna, representación en la Republica Argentina

La sesión del día 23 fue inaugurada con una reflexión de Roberto Lavagna sobre la actual política monetaria europea. Explicó la importancia de tener en cuenta la historia de Alemana para comprender el porqué de la insistencia de su gobierno en la estabilidad a costa del crecimiento, en particular en lo que se refiere a la política que tiene que llevar a cabo el Banco Central Europeo (BCE). Se preguntó por qué, después de haber hecho una autocrítica acerca de las recetas impuesta a Argentina, el Fondo Monetario Internacional sigue intentando imponer las mismas políticas a los países europeos necesitados de fondos. En su opinión, no se trata tanto de imponer una visión económica, sino un sistema de poder. En este contexto, el papel de los bancos centrales (en el caso de Europa, el BCE) se encuentra cambiado: de amortiguadores de los efectos negativos del libre mercado sobre la democracia en anuladores de la misma.

Paolo Tedeschi enfatizó su visón de la moneda única como un instrumento de integración, y no como una finalidad en sí misma. Analizó, sobre la base de fuentes primarias, los inicios de la moneda única europea –o sea, el Plan Werner–, que no preveían un banco central único, sino un sistema de bancos centrales con poderes más fuertes. Hizo luego un recorrido de los cambios vividos por las Comunidades Europeas a lo largo de sus cinco décadas de vida y criticó la pérdida de los mecanismos de solidaridad que, tal como el fondo de readaptación en la CECA, el Banco Europea de Inversiones y el Fondo Social Europeo, siempre han ayudado a los más débiles a moderar las consecuencias más negativas de la modernización.

Jean-François Ponsot habló de los fundamentos estructurales de la crisis, entre los cuales se encuentra la puesta en marcha del euro sin coordinación real de las políticas fiscales, salariales y comerciales. Habló de la vexata quaestio de la competividad alemana y la atribuyó a una política de rebaja en el costo del trabajo, más que a un aumento de la productividad. Hizo después hincapié en las divergencias que se están creando en Europa, ante todo en lo que respeta a la industrialización. Entre las recetas que se han propuesto hizo mención a aquella del grupo Padoa-Schioppa, que pone el acento sobre la necesidad de una política fiscal común, las políticas de inversión y de apoyo a la innovación, la creación de mecanismos de trasferencias financieras intra-zona y de una unión bancaria. Sostuvo que, si tiempo atrás el euroescepticismo se podía asimilar al conservadurismo político, actualmente es Europa la que se ha vuelto conservadora, fomentando un nuevo equilibro de poder en el que el capital prevalece sobre el trabajo.

Graciela Molle, al abrir el espacio para la discusión, recordó la pluralidad de interpretaciones acerca de los elementos cruciales que deben ser tomados en consideración al momento de explicar la crisis. Por ejemplo, explicó cómo, en su visión, la reevaluación del euro no se debe relacionar con la alta competitividad alemana, sino con la "guerra de las monedas" a nivel internacional y la política de "benign neglect" por parte del Banco Central Europeo.

La discusión sirvió como ocasión para realizar algunas clarificaciones –como, por ejemplo, el hecho de que ha sido el costo del trabajo y no el salario el que ha disminuido en Alemania–, así como también algunas puntualizaciones sobre los vínculos causales entre las etapas de la crisis (por ejemplo, el hecho de que las deudas públicas fueran consecuencia y no causa de la crisis en Europa).

Abrió la sesión de la tarde Alberto Curiel, quien, en su presentación, ofreció un recuento detallado de la crisis de la deuda sufrida por Uruguay a comienzos de este siglo. El relato describió en detalle su desenlace, que se inició con la crisis financiera de principios de 2002, seguida por la corrida hacia el retiro de los depósitos (en alto porcentaje extranjeros) y, finalmente, la descalificación de Uruguay por parte de las calificadoras de riesgo y las propuestas del Fondo Monetario Internacional para salir de la crisis. Entre éstas, había una que su país no podía aceptar: la del ‘corralito’ bancario (aplicado por el gobierno argentino poco tiempo antes), que le habría quitado al país su fama de país seguro para los inversores extranjeros. En esta coyuntura, un préstamo puente es negociado con el gobierno estadounidense, gracias a la habilidad diplomática del presidente Batlle y a sus buenas relaciones con representantes norteamericanos, que permitió a Uruguay renegociar condiciones más favorable con el Fondo, evadir sus primeras recetas y llegar, finalmente, a un acuerdo voluntario con los acreedores que, junto a la suba de los precios internacionales, permitió al país de salir de la crisis.

Arturo O’Connell ofreció, a partir de la experiencia latinoamericana y, más en general, aquella de los países en desarrollo, un punto de vista que permite interpretar lo que habitualmente se considera como la crisis del euro o de Europa. Según su visión, esta sería un caso más de las crisis en las relaciones ‘centro-periferia’, en un contexto de internacionalización financiera desregulada, sin dejar de reconocer la existencia de algunos otros elementos de fragilidad originadas en algunas peculiaridades del sistema del euro y sus bancos centrales. Para ello, hizo un recorrido de la globalización financiera a partir de los años ’70, basado en tres ejes: la ‘financiarización’ de las economías, su internacionalización, y la persistencia de un fuerte ciclo financiero de auges y colapsos, dominado por los ciclos de las grandes economías (con efectos gravísimos para las economías de la ‘periferia’). La zona del euro, con tipos de cambio fijos y total libertad de movimientos de capitales, podría verse como un caso particular de esos ciclos de auge y colapso de las corrientes de capital. En busca de mejor retribución, estos flujos se dirigen desde el ‘centro’ a la ‘periferia’ generando procesos de acumulación especulativa, que no mejoran la productividad de las economías destinatarias y que, eventualmente, explotan aun cuando, como es el caso de la zona euro, casi exclusivamente las colocaciones se dirijan al sector privado intermediadas por corrientes interbancarias. El proceso de reabsorción de esos flujos especulativos es lento, sobre todo por la dificultad para corregir las carteras bancarias de los países del ‘centro’ y por la actitud de estos países de hacer pagar el proceso a los países ‘periféricos’ por medio de un paquetes de apoyo con recursos oficiales, siempre insuficientes y dominados por una ‘condicionalidad’ que tiene efectos negativos –tanto sobre la capacidad para solucionar el problema financiero, como sobre el crecimiento y bienestar de la ciudadanía.

Finalmente, Oscar Ugarteche ofreció herramientas analíticas para contrastar las crisis de la deuda latinoamericana de los ’80 con la europea de los ’00, en lo que se refiere a sus orígenes y rasgos característicos. A pesar de las notables diferencias, remarcó cómo se había procedido a medidas similares de rescate que, al igual que en el caso latinoamericano, están resultando, en el sur de Europa, en un aumento notable del valor de la deuda sobre el producto. De manera similar, Ugarteche destacó cómo, tanto en un caso como en el otro, los rescates fueron acompañados por un aumento notable de la diferencia entre pobres y ricos.

La larga discusión que cerró el acto fue precedida por las reflexiones a cargo de Marcelo Basualdo, quien destacó las similitudes de la situación europea de entrelazamiento de los préstamos de hoy con aquella del final del siglo XIX, y destacó también el hecho llamativo de que las monedas de reserva de valor (dólar, euro, yen), pertenezcan a países endeudados y con tasas de crecimiento cero o muy bajas. En el curso de la discusión, oyentes y expositores profundizaron los conceptos expuestos a lo largo del día, poniendo de manifiesto la utilidad de la comparación cualitativa entre Europa y América Latina para profundizar la comprensión de las dinámicas del capitalismo durante los últimos 20 años y, especialmente, del fenómeno de la deuda. Hubo consenso sobre la necesidad de que Europa rescate las experiencias de América Latina para comprender las relaciones de poder que se esconden bajo las recetas supuestamente ‘técnicas’ de los organismos internacionales (multinacionales y regionales).

 

ESTA ACTIVIDAD SE REALIZÓ CON EL APOYO DE LA UNIÓN EUROPEA EN EL ÁMBITO DE LA ACCIÓN JEAN MONNET