vai al contenuto della pagina vai al menu di navigazione
 

Seminario Internacional | La integración como instrumento de desarrollo económico y social: el caso de Europa

En el marco del proyecto “Desafíos de la modernidad e interpretaciones de Europa”, el Centro de Excelencia Jean Monnet organizó, el día 23 de agosto de 2011, el seminario internacional “La integración como instrumento de desarrollo económico y social”.

RESEÑA

Al presentar el evento, la directora del Centro de Excelencia, Lorenza Sebesta, resumió los elementos de reflexión surgidos de los precedentes seminarios del proyecto Jean Monnet, de los que este seminario se presentó como una continuación ideal.

La construcción del futuro en ámbito democrático requiere tanto un marco institucional estable  como mecanismos para impulsar el cambio. Las Comunidades europeas ofrecieron ambos elementos a sus ciudadanos por muchos años. Fueron el marco común en el ámbito del cual los europeos pudieron llevar a cabo la “construcción de su futuro”,  algo que, después de dos guerras mundiales, era percibido como primera necesidad.

Siguió reflexionando sobre lo que muchos perciben como un cambio de rumbo en la naturaleza de este proyecto común a partir del final de los años ochenta. En aquel entonces, el Plan Delors, que tenía originariamente dos objetivos –mercado común de un lado, y política de crecimiento competitividad y empleo por el otro– quedó desequilibrado, sin el pilar social. ¿Fue responsabilidad de la señora Thatcher, que impuso su supresión como precio para no vetar el proyecto del euro? ¿O, quizás, debemos vincularlo a cambios a nivel internacional, donde no solamente asistimos al derrumbe del Imperio Soviético sino a un cambio estructural en la naturaleza del capitalismo, que se volvió “financiero y globalizado”?

La directora concluyó con la esperanza de que el presente seminario pudiera brindar algunas aclaraciones que facilitaran la comprensión de esta cuestión  crucial como paso para superar la presente crisis.

Jody Jensen empezó su reflexión subrayando la importancia de la Guerra Fría para explicar la naturaleza de la integración, tal como la vivieron los países miembro originarios. La necesidad de contener el comunismo facilitó la convergencia de diferentes fuerzas políticas, conservadoras y progresistas, hacia una visión liberal del mercado social, una visión protectora del rol del estado y de Europa. Hizo hincapié en el carácter extraordinario de los cambios propiciados por la presente época neoliberal - que calificó como an axial age,  citando a Karl Jaspers, y, citando a Wallerstein, como a transnational period. Explicó el papel de la sociedad civil en este contexto refiriéndose al autor Marc Nerfin, que reclama su rol autónomo y crítico frente a los dos poderes que conforman el espacio económico y político: el Príncipe y el Mercader.

En este contexto, introdujo su concepto original de “hibridación”, que hace referencia a la confusión de rol entre los tres sectores, haciendo hincapié en la figura del corporate citizen.

Mariano Garreta Leclercq, su comentarista, retomó este punto, para recordar, con Michael Walzer, la peligrosidad de un sistema político donde se pueden obtener bienes de una esfera con herramientas de otras. Destacó también la importancia de aclarar la diferencia entre liberalismo político clásico, enfocado en los derechos civiles, y liberalismo de corte económico, más enfocado en el concepto de estado mínimo.

Robert Boyer comenzó explicando las limitaciones de los enfoques de la teoría económica que reducen la cuestión del desarrollo económico y social a la elección de la “organización óptima” para brindar public goods (o sea, aquellos bienes que benefician a todos y no son comercialmente transables). Aplicando esta idea a Europa, mostró como no lograron prosperar políticas comunes en sectores donde subir de nivel habría sido muy provechoso para todos, tal como investigación y desarrollo, transporte e defensa. En cambio, la primera política común, la política agrícola, abordó una actividad que no puede ser definida public good y, sin embargo, la intervención europea fue decisiva para garantizar la cohesión social en Europa.

La decisión acerca del mejor nivel de la gestión (“organización óptima”) siempre ha sido, y tiene que seguir siendo, de carácter político. Hoy el public good crucial es la estabilidad financiera: ésta no depende sencillamente de una buena política monetaria común o de una convergencia en algunos parámetros relativos a deuda y gastos fiscales. Éstos pueden, por el contrario, llevar a problemas y divergencias en el crecimiento de cada uno de los estados. Lo que siempre se olvida es que la economía, por sí sola,  no consolida comportamientos cooperativos, todo lo contrario. La competencia como fundamento del mercado común no puede avanzar sin políticas apropiadas.

Comentando a Boyer, Roberto Lavagna retomó esta idea, llamando a una articulación del principio de la competencia con las dimensiones política y legal. Tampoco funciona una arquitectura institucional y legal sin contenido económico, tal como terminó siendo el Pacto Andino. Ni  sirve el escapismo institucional frente al freno económico, que parece caracterizar al Mercosur. La sola atribución de una competencia a una instancia superior no genera, por sí misma, una distribución equitativa. Para Lavagna, es necesaria una evaluación permanente y objetiva de los beneficios que derivan de este tipo de transferencias de poder. No se puede lograr el  “bien común” sin la capacidad de ir evaluando los efectos de cada política en términos de distribución de la riqueza.

Ferenç Miszlivetz enriqueció la reflexión sobre el “bien común” analizando la cuestión de la democracia a nivel europeo. Recorrió la historia del desarrollo de las Comunidades europeas en cuanto poder político, subrayando la importancia de la cesura del fin de la guerra Fría y de la caída del así llamado Imperio Soviético. Refiriéndose a los desarrollos sucesivos, hizo hincapié en el dilema identitario (cómo crear una identidad europea respetando la diversidad) así como en los desafíos económicos, financieros y sociales con los cuales la UE ampliada se encuentra enfrentada hoy en día. Si el objetivo central de la democracia es crear premisas para elecciones más justas, la presente situación de no-choice, es decir, de elecciones impuestas por supuestas necesidades económicas, nos indica la enfermedad de la democracia europea y, quizás, la vía para mejorarla. Los países de Europa central, donde la democracia se tuvo que re-inventar después de años de autoritarismo, son los más indicados para brindar la creatividad necesaria para resolver esta crisis aunque, al mismo tiempo, son los más expuestos a los dictados del mercado.

Mariana Heredia ponderó las dificultades de distinguir, de un punto de vista sociológico, entre política y economía, ya que las dos influencian la sociedad y, muchas veces, se hace difícil diferenciar los efectos de ambos. Reflexionó también sobre otra dificultad, la de encontrar categorías analíticas satisfactorias para describir sociedades cuya condición permanente es la del cambio. Los países periféricos no son los únicos que están viviendo en esta transición permanente, pero sí son los que  viven este fenómeno en manera más contundente.

Rainer Kattel retomó el tema de la competencia como mecanismo clave de funcionamiento del mercado común, para ver cómo funcionó en los países del Centro y Este europeo. Presentó, ante todo, tipologías posibles de integración desde un punto de vista de compatibilidad de las estructuras productivas y clasificó la integración que se está llevando a cabo entre “vieja” y la “nueva” Europa como integración asimétrica, que necesita un alto grado de intervención política para brindar resultados positivos en el mediano y largo plazo.

Con el soporte de una serie de gráficos y tablas demostró cómo, paralelamente al aumento de exportaciones, otros datos indican que la integración de estos países a la UE no llevó a su acercamiento a los países “centrales”, sino a un aumento de su “perifericidad”. En particular, subrayó algunos elementos preocupantes, tales como el aumento del nivel de desigualdad, la focalización del desarrollo tecnológico en enclaves aisladas del contexto económico nacional, la concentración productiva en áreas donde no hay posibilidad de avance a nivel de productividad (por ejemplo, el ensamblaje de teléfonos portátiles). Terminó su sombrío fresco haciendo hincapié en una de las características más llamativas del sector financiero, cuyo 99% se encuentra en manos extranjeras, lo que intensifica la búsqueda de altas rentas a breves términos sin ninguna consideración estratégico-política –y por ende una preferencia hacia el crédito al consumo (más rentable en el corto plazo), que a las inversiones productivas.

Martín Abeles, en sus comentarios, introdujo la noción de la middle income trap que caracteriza, aun con matices distintos, a los países de la Europa central y los países de América Latina. Se trata, por un lado, de la imposibilidad de subir la escalera del crecimiento por falta de productividad y, por otro lado, de la dificultad de bajarla a causa de limitaciones sociales. A este propósito, reflexionó sobre rol de la Unión Soviética y de la así llamada “amenaza comunista” para hacer que esta última opción no fuera viable y se preguntó si hoy en día, con la desaparición de esta red de contención, no se haría mas fácil “bajar la escalera” para este tipo de países. Llamó a reflexionar sobre la peligrosa correspondencia entre una mayor integración a nivel global y una mayor fragmentación a nivel local.

La coordinadora, Luciana Gil, cerró el encuentro agradeciendo a todos los participantes, la Universidad de Bologna y la Comisión Europea por su apoyo a una iniciativa.

 

ACTIVIDADES COLATERALES

Aprovechando su  presencia en Argentina, Robert Boyer fue invitado a participar como key note speaker en el Congreso Anual de la Asociación de Economía para el Desarrollo de Argentina (AEDA), organizado los días 20 y 21 de septiembre, sobre  “Lineamientos para un cambio estructural de la economía argentina. Desafíos del Bicentenario”.

Por su parte, Jody JensenFerenc Miszlivetz intervinieron el día 24 de agosto al Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) sobre “Nuevas dinámicas sociales en Europa: el caso de Europa central y del Este”.

 

ESTA ACTIVIDAD SE REALIZÓ CON EL APOYO DE LA UNIÓN EUROPEA EN EL ÁMBITO DE LA ACCIÓN JEAN MONNET.