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Crisis financieras: centro y periferia

Pablo Nemiña conversa con Arturo O’Connell
EEB web 23jun16

La actual crisis económica y financiera europea presentada y encarada como crisis de endeudamiento de los gobiernos de países de su ‘periferia’ comienza a reconocerse como una crisis de “súbita parálisis” (“sudden-stop”) de su financiamiento externo. Desde este punto de vista, sin dejar de lado algunos de los aspectos peculiares de la institucionalidad de la zona del euro, la experiencia de las crisis de los países en desarrollo en un contexto de desregulación financiera globalizada puede ofrecer elementos de diagnóstico así como enseñanzas en cuanto a vías de solución. En realidad, a la reciente experiencia de estas últimas décadas de una segunda globalización financiera se le puede aunar una mucho más prolongada que ha sido rastreada hasta por lo menos comienzos del siglo XIX a lo que le podemos sumar el análisis pionero que ya a fines de los años 1920 formulara nuestro ilustre compatriota Raúl Prebisch al estudiar el que denominara “ciclo económico argentino”.

Textos elegidos:

O'Connell, Arturo, “La crisis europea: una visión desde la experiencia latinoamericana”, en Puente@ Europa, vol. 11, n. 1, 2013.

O’Connell. Arturo, “El regreso de la vulnerabilidad y las ideas tempranas de Prebisch sobre el ‘ciclo argentino’”, en Revista de la CEPAL, n. 75, dic. 2001.

 

Pablo Nemiña es sociólogo y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Sus principales áreas de interés son: las finanzas internacionales y la sociología económica. Entre sus publicaciones se destaca junto a Mariela Bembi, Neoliberalismo y desendeudamiento. La relación Argentina - FMI, Buenos Aires: Intelectual, 2007.

Arturo O’Connell es matemático y economista con estudios de posgrado en la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Fue secretario general en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-FLACSO (1974-1979) y promotor y miembro el Centro de Economía Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Argentina (1989-1999). Fue director del Banco Central de la República Argentina (2003-2010; 1986-1988). Se ocupa de finanzas internacionales e historia económica argentina. Su última publicación es: “European Crisis: A New Tale of Center–Periphery Relations in the World of Financial Liberalization/Globalization?” en International Journal of Political Economy, Vol. 44, n. 3, 2015.

 

Reseña

Pablo Nemiña abrió la conversación elogiando el espíritu de la iniciativa y subrayando la importancia de que las bibliotecas sean lugares vivos, donde no solo hay libros en los estantes, sino lectores que dialogan. Pasando al tema de la conversación, definió la crisis financiera como un tema académico y político a la vez, ya que la crisis puso en tela de juicio las ideas neoliberales según las cuales la desregulación sería la vía más segura hacia el crecimiento.

Por el contrario, la crisis demostró que el mercado, en particular modo el mercado financiero, necesita más y mejor regulación por parte del estado para funcionar. Demostró también  que los flujos de capitales a los países periféricos (no solo de Europa…) muchas veces no conducen al crecimiento, sino a burbujas especulativas.

Pablo pasó la palabra a Arturo O’Connell pidiéndole analizar el origen de la financiarización de la economía y sus efectos sociales y políticos.  Arturo empezó su recorrido entre el final de los años sesenta e inicio de la década posterior cuando se dio no solo una aumento de la financiarización interna a los estados, sino también de los movimientos trasfronterizos de capital. El fenómeno no fue espontáneo, ya que los estados jugaron un papel muy activo. En Europa, Margaret Thatcher, Primer Ministro británico desde 1979 hasta 1990, fue la primera en impulsar la liberalización de los movimientos de capitales, una medida que se extendió, luego, al resto de los países. En Estados Unidos, la desregulación financiera acabó en 1999 con la eliminación de la ley Glass-Steagall, la ley bancaria aprobada después de la crisis del 1929 que  introdujo la separación entre la actividad bancaria tradicional y la especulativa –para poner al reparo los ahorros de los ciudadanos de las imprudentes inversiones financieras de sus bancos.

O’Connell subrayó cómo los primeros países en sufrir las crisis financieras fueron, en los años ochenta,  los nórdicos –Noruega, Suecia y Finlandia-, caracterizados por “buen gobierno” y por el respeto a la ley, características que no sirvieron para salvarlos de las consecuencias nefastas de la financiarización.  Se refirió luego a la cara jurídica de esta liberalización, o sea, cómo se restringió de a poco la inmunidad soberana, y cómo la emisión de deuda paso a ser considerada actividad comercial, abriendo la puerta a los tipos de problemas que Argentina vivió en carne propia en la querella con los fondos buitres.

Siguió luego el tema de la deuda de los países latinoamericanos en los Ochenta, una premonición de lo que le tocaría vivir a Europa. En particular, subrayó como, al ser el 80% de las transferencias financieras expresadas en dólares, la política monetaria del Norteamérica empezó allá en aquella década a dominar el ciclo financiero de los demás países.  En lo que se refiere a los actores, citando al economista Jagdish Bhagwati, hizo mención al Wall Street-Treasury complex y a su creciente importancia en la política norteamericana. Terminó analizando la crisis europea, haciendo foco en las equivocaciones de las autoridades de la UE, entre las cuales la más notoria, según él, es su obstinación en hablar de países deudores y países acreedores, cuando es bien sabido que la dicotomía no es entre naciones, sino entre grandes bancos (acreedores)  de un lado y actores privados y públicos del otro (deudores). Lo que fue prestado a Grecia, puso de manifiesto O’Connell, no fueron los ahorros de los obreros alemanes, sino la plata tomada del mercado financiero internacional, a su vez invertida en títulos griegos muy rentables, pero muy inseguros. Lo que lo llevó a observar que quien falló en primer lugar en la cuestión griega fueron los bancos centrales de los países donde tienen su sede los bancos prestamistas, ya que no lograron supervisar correctamente las inversiones de sus bancos privados.

La palabra regresó a Pablo, quien explicó las posibilidades que los países centrales y periféricos tienen para prevenir las crisis y el papel del FMI en este sentido.

En la ronda de preguntas, surgieron varias intervenciones relacionadas con  la persistencia de la dominación política e intelectual del neoliberalismo, a pesar de que sus fracasos  estén a la vista de todos. La discusión se cerró aludiendo al papel que las universidades tendrían que jugar en la formación de intelectuales sólidos y capaces de hablarle sin tapujos al poder.